Estamos ante una especie de barricada metafórica, "una suerte de trinchera cultural desde la que debemos resistir". BlockHouse es, también, un búnker. En la antigua Roma, las legiones solían ensayar una estrategia de protección llamada "la tortuga", en la que los soldados iban solapando sus escudos a modo de caparazón. Este ejemplo de bunkerizacion primigenia es, junto al blocao, el gran ejemplo de locus defensivo, pero también, en palabras de Fernando R. de la Flor "podemos atribuirles a estas estructuras la posibilidad de convertirse en un centro coordinador del ataque; la razón misma de ser de la pujanza en la que se sostiene toda idea de retaguardia. Sucede que la organización y la logística de un territorio pueden ser coordinadas -y, más allá de ello, enteramente dominadas- desde estas células poderosas. No conviene menospreciar esta capacidad del búnker; después de todo, sabemos de su precedente arqueológico, los castillos, que, en tanto que edificios molares del Antiguo Régimen, sostuvieron por entero el orden feudal, y a ellos les estuvo confiada la salvaguarda de todo un sistema social”.
La pieza central es una construcción compuesta por libros pintados de negro, en una suerte de homenaje a la capacidad de resistencia desde la cultura, desde el pensamiento y la racionalidad. "Se trata de una estructura cerrada, protegida, una suerte de ágora donde posibilitar el trabajo en común con una serie de agentes involucrados en la creacion. Representa la resistencia, con ciertas evocaciones cinematográficas de referencia, a "La Chinoise", 1967, de Jean Luc Godard, o a la novela Fahrenheit 451, de Ray Bradbury. Y no deja de contarnos que la trinchera, sin duda, ha de ser intelectual".